La contradicción del tiempo.
Presentación de personajes
Para nuestros personajes, el
lenguaje moldea su relación con el tiempo: Él es un maestro en utilizar
pausas rellenas; Ella, en cambio, es una anomalía: prefiere las pausas
vacías y los alargamientos. Su elección no es casual, sino reflejo de su
carácter, sensibilidad y, en definitiva, de sus genes.
En este lugar, donde el cielo es
un lienzo eternamente inacabado, dos almas transitan el vacío. Él, un
programador atrapado entre algoritmos y recuerdos, vive un tiempo fragmentado
por la rudeza de su habla. Ella, una fotógrafa obsesionada con capturar
lo intangible, se mueve al ritmo de un tiempo lento, casi detenido.
Él, siempre al límite de su
tiempo, vive entre teclas y código, desgastando su ansiedad en cada instante de
espera. Su mente corre más rápido que sus palabras, y las imágenes de un pasado
desbordado lo atormentan. Sus manos tamborilean sobre un teclado plegable o una
mesa, como si intentaran programar soluciones que no siempre encuentra.
Ella, en cambio, camina con
paciencia felina, como quien acecha lo invisible. Con su cámara, registra
gestos efímeros, emociones que las palabras no alcanzan a pronunciar. Rehúye
preguntas, esquiva miradas y guarda en su silencio más historias de las que
jamás se atrevería a revelar. Para ella, Ramadí no es solo ausencia de color:
es un terreno fértil para lo que aún no se ha dicho.
Juntos, como sombras que se rozan
sin fundirse, dan movimiento al tiempo en esta ciudad. Él, con su impulso
vertiginoso, intenta construir un futuro; Ella, con su mirada detenida, busca
preservar el presente. Ambos, atrapados en el gris de Ramadí, cargan el peso de
un mundo que solo avanza cuando sus palabras lo tocan.
Es común que sus caminos se
crucen en esos espacios del tiempo, haces de luz que atraviesan el universo.
Aunque apenas se han visto en instantes fugaces, Ella, desde que lo vio por
primera vez, ha deseado captar su imagen. Él, en cambio, la rehúye. No porque
no le guste, sino porque hay algo en ella que lo desarma: un magnetismo que lo
traslada a un estado alterado, donde un alter ego desconocido emerge.
¿Podrán las diferencias de ambos personajes unirlos? ¿Son las diferencias las que enriquecen la vida o son ellas las que la destruyen?
La naturaleza en Ramadí
La naturaleza cambia
rápidamente según el fluir del tiempo. Cuando el ambiente se llena de palabras
amables hacia los demás, el tiempo fluye con normalidad, y ningún monzón o dana
lo perturba. Pero cuando el entorno se carga de palabras agresivas, el tiempo
se instala como una raíz seca.
Los árboles en este paraje no
crecen hacia el cielo, sino hacia adentro, enroscándose sobre su propia madera
como si intentaran ocultar algo. El tiempo los ha endurecido y vuelto frágiles;
sus ramas parecen fracturas que nunca sanaron. No hay hojas, solo cicatrices de
estaciones que nunca llegaron del todo.
Cada tronco cuenta una historia, no en anillos visibles, sino en grietas que hablan de lluvias que nunca cayeron y de vientos que jamás soplaron. Al tacto, la corteza se desmorona, como si los años hubieran erosionado no solo su cuerpo, sino también su voluntad de permanecer. En Ramadí, el tiempo no alimenta; ha comenzado a consumirlos con palabras adversas. ¿Cómo podrán salvarse? ¿Existe una cura o son ellos su propia cura?


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